Heroes de Punta Arena

12 Vuelta a PuntArena

Oro, perros y retorno glorioso

Tras descansar procedimos a seguir explorando el lugar para evitar que no quedara ningún otro maligno. En una sala encontramos una pila de monedas de oro que llegaban desde el suelo hasta el techo por una columna, tras notar que habia hechizos mágicos en la columna y parece mucho una trampa decidimos no trastear mucho con ella ni coger ninguna moneda para evitar males mayores.

También encontramos una cripta con tres sarcófagos pero antes de que nos diéramos cuenta, tres sombras, los espíritus de los enterrados ahí, nos atacaron y presentaron dura batalla. Si no fuera por nuestro valiente compañero paladín que los mantuvo a raya, posiblemente habríamos perecido.

Lamentablemente encontramos una puerta con una extraña cerradura no mágica que no pudimos abrir al no disponer de herramientas aunque no se escuchaba nada al otro lado.

Volvimos al piso de arriba y con sumo sigilo retrocedimos hasta llegar a la catedral donde antes encontramos un gran número de goblins y Nuala realizando algún tipo de ritual. Sin embargo, está vez la sala estaba vacía a excepción de un par de monstruos parecidos a perros como el que acompañaba a Nuala cuando la derrotamos. Esta vez, Desna parecía sonreírnos ya que el combate fue rápido y victorioso para nosotros, los héroes de Puntaarena.

Tras asegurarnos de no dejar nada sin explorar salvo la puerta de la cerradura extraña, acordamos volver al pueblo para dar la noticia, así que tras recoger el caballo que salvamos y que tras comer tenía mucho mejor aspecto, emprendimos la vuelta a Puntaarena.

Puntaarena se encontraba a salvo por ahora ya que parecía que los goblins supervivientes habían huido tras a muerte de su jefe. Posiblemente se reagruparían y encontrarían un nuevo líder pero pasaría sin duda mucho tiempo antes de que intentaran algo en nuestra contra y más ahora que no contaban con la ayuda de Nuala.

Nos encontramos al dueño del caballo que agradecido de volverlo a ver, nos dio una humilde recompensa aunque Matondo estaba triste pues se había encariñado del animal.

La alcaldesa estaba tan agradecida que nos regalo una casa de un lugareño muerto durante el asalto goblin que no contaba con parientes. Sin duda, ver el pueblo y sus habitantes a salvo gracias a nuestra ayuda, nos enorgullecía. Pero era hora de un merecido descanso…

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